Siete años de sequía cinematográfica daban para mucha expectación, pero el esperado regreso de Star Wars a las salas de cine nos ha dejado un sabor de boca un tanto desconcertante. La llegada de The Mandalorian y Grogu a la gran pantalla, marcando la vuelta de la franquicia y trayéndonos de nuevo a Pedro Pascal junto a su inseparable colega verde, ha cerrado el fin de semana del Memorial Day estadounidense con 102 millones de dólares en la taquilla doméstica (norteamericana). A nivel global, la cifra asciende a los 165 millones.
Aquí es donde la cosa se divide y los analistas de taquilla no terminan de ponerse de acuerdo. Por un lado, en la era pospandémica, superar la barrera de los cien millones de saque no es moco de pavo; es un hito importante para casi cualquier estreno. Pero claro, hablamos de Star Wars, uno de los titanes absolutos de Hollywood, a cuya IP se le exige siempre reventar la taquilla. De hecho, los números cantan: estamos ante el arranque más flojo de la saga desde que Disney compró Lucasfilm allá por 2012.
El fantasma de Han Solo y las cuentas del estudio
Hasta ahora, este dudoso honor lo ostentaba el spin-off Solo: Una historia de Star Wars (2018), que se quedó en 103 millones en este mismo puente festivo sin ajustar por inflación. Aquel patinazo se debió a un cóctel letal de críticas demoledoras y un boca a boca bastante frío, que lastraron su recorrido comercial y la convirtieron en la primera película de la saga en perder dinero. Terminó su andadura estancada en unos 392 millones a nivel mundial, un drama si tenemos en cuenta su mastodóntico presupuesto de casi 300 millones.
La gran baza para el cazarrecompensas mandaloriano es que su producción ha sido bastante más austera. Con un presupuesto estimado en 165 millones de dólares, hay mucho margen de maniobra. Es muy probable que la cinta logre llegar al punto de equilibrio e incluso arroje beneficios a las arcas del estudio.
El veredicto: ¿Acierto para los fans o un “refrito” televisivo?
A diferencia del descalabro de Solo, el público general sí parece estar del lado de Din Djarin. Las encuestas a pie de cine de CinemaScore le otorgan a la cinta dirigida por Jon Favreau un envidiable grado “A-“, superando el “B+” que rascó El ascenso de Skywalker en 2019. Sin embargo, la prueba de fuego real será el aguante de la película en su segundo fin de semana. Ahí veremos si el fenómeno apela únicamente al núcleo duro (los primeros días la demografía ha estado marcada por un 63% de hombres y un 75% de espectadores mayores de 25 años) o si consigue arrastrar al codiciado público familiar.
Donde la película ha pinchado hueso es en gran parte de la crítica especializada, que no ha sido precisamente benévola con esta transición de la serie de Disney+ al formato cine:
“Es un revoltijo mediocre y de bajo esfuerzo, hecho de episodios que claramente estaban destinados a la cancelada cuarta temporada de la serie. El universo de Star Wars solía inspirar asombro […] La película no es un desastre total, pero peca de ser demasiado sosa y de tener aversión al riesgo como para devolverle la fe al público”.
Le achacan la falta de esa escala épica, de space opera mastodóntica al más puro estilo George Lucas, que la franquicia pedía a gritos para este retorno.
El mercado internacional y la estrategia del ‘Mando-verso’
Si miramos fuera de las fronteras norteamericanas, el panorama es discreto. La cinta rascó 64 millones de dólares en el extranjero. Como bien apunta el analista David A. Gross, editor de la newsletter especializada FranchiseRe: “A pesar de toda su originalidad y fama, Star Wars nunca ha sido especialmente fuerte en la taquilla internacional”.
Tras el cierre de la saga Skywalker en 2019 —que superó los mil millones globales— y la incapacidad de Lucasfilm para encarrilar nuevos proyectos cinematográficos a corto plazo, la estrategia viró bruscamente hacia el salón de casa. Durante estos años hemos vivido inmersos en el Mando-verso de Disney+ (El libro de Boba Fett, Ahsoka, Skeleton Crew, además de la aclamada Andor). Según Gross, que este largo y denso desvío por el streaming no haya fagocitado ni dañado de forma evidente la viabilidad en salas de la saga es, a fin de cuentas, una excelente noticia para Disney.
Un respiro para los cines y un futuro a la vista
Aunque este no haya sido un Memorial Day de los de batir récords históricos (el año pasado fue una locura inalcanzable con el live-action de Lilo & Stitch y Misión Imposible), la cartelera estadounidense respiró vida este fin de semana de cuatro días con 221 millones recaudados en total, aupada por títulos como Obsession y Michael. Son cifras muy sanas que se codean con la normalidad prepandémica de años como 2019 o 2018.
Lo que está claro es que el fandom no tendrá que soportar otra travesía en el desierto para volver a una galaxia muy, muy lejana. El próximo tentpole de la saga, Star Wars: Starfighter, una aventura original con Ryan Gosling bajo la batuta de Shawn Levy, ya tiene su estreno fijado para el Memorial Day de 2027. Desde los despachos de Hollywood cruzan los dedos esperando que esa sí sea la chispa definitiva para el gran reinicio cinematográfico de la franquicia.